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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2008. Encuentro, unión...![]() Taburete modelo 60 de Alvar Aalto (1932/33) grosor, tamaño, escala...![]() Casa Esherick de Louis I. Kahn en Chestnut Hill (Pennsylvania, 1959/ 1961) Foto extraída de aquí (fotógrafos: Julie and Todd Eberle) 05/07/2008 18:46 Autor: almalé. #. Tema: Loterías y Apuestas de un Idiota No hay comentarios. Comentar. geometrías![]() Rombo: superficies claras con contornos grises, 1919. Piet Mondrian; “Ruit met vlakken in oler en grijs” Óleo sobre tela, 84 cm en la diagonal Otterlo, Rijksmuseum Kröller- Müller Verticales y horizontales. Un giro a 45º lo cambia todo… 07/07/2008 17:37 Autor: almalé. #. Tema: Loterías y Apuestas de un Idiota No hay comentarios. Comentar. geometrías 2Carré blanc sur fond blanc, 1918 Kazimir Malévitch New York, The Museum of Modern Art (MoMA) Bibliografía: malévitch, architectones, peintures, dessins. Centre Georges Pompidou, 1980. 08/07/2008 21:43 Autor: almalé. #. Tema: Loterías y Apuestas de un Idiota No hay comentarios. Comentar. la chica más de guapa de la ciudad![]() Este año se cumple el 20 aniversario de la publicación de una de las grandes joyas del rock en España. En 1988 el grupo zaragozano Mas Birras editaba su segundo mini LP titulado "Otra Ronda" producido por Grabaciones Interferencias, grabado en los estudios Tsunami de San Sebastián y distribuido por el sello D.R.O. Con una preciosa portada donde aparecen los componentes de Más Birras sentados de espaldas en la barra de la taberna La flor de la Sierra en el casco viejo (antiguos Marranos) donde se pueden comer las mejores sardinas de la ciudad. La canción que abre el disco es ya un clásico, un himno para toda una generación: Cass (La chicha más guapa de la ciudad) La letra nace de un texto de Charles Bukowski: "La Chica más de Guapa de la Ciudad", publicado en el recopilatorio de cuentos llamado "Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones". Un cuento precioso. Sus autores: José Luis Rodríguez García es catedrático de Filosofía en la Universidad de Zaragoza, ensayista, novelista y sobre todo poeta. Gabriel Sopeña Genzor es también profesor de Historia Antigua en la citada entidad, además de músico, compositor, poeta y un largo etc...
La letra: Nos gustaba Cass Y ahora la lloramos Pero solo hemos aprendido Y ahora la lloramos
El cuento:
"La Chica más de Guapa de la Ciudad" Charles Bukowski. Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decía que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una maquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía. Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no las sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: "No tienen agallas -decía ella-. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas... todo fachada y nada dentro..." Tenía un carácter rayando la locura; Un carácter que algunos calificaban de locura. Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchilladas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía por el contrarío, realzarla. Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviera algo que ver con el asunto. - ¿Tomas algo? No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión, Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez. - ¿Crees que soy bonita?- preguntó. Buscó en su bolso. Creía que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiese impedírselo, se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentía repugnancia y horror. Ella me miró y se echó a reír. - ¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh? Saqué el alfiler y puse mi pañuelo sobre la herida. Algunas personas, incluido el encargado, habían observado la escena. El encargado se acercó. -Mira -dijo a Cass-, si vuelves a hacer eso te echo. Aquí no necesitamos tus exhibiciones. Me besó, pero como riéndose un poco en medio del beso y sin soltar el pañuelo de la nariz. Cuando cerraron nos fuimos a donde yo vivía. Tenía un poco de cerveza y nos sentamos a charlar. Fue entonces cuando pude apreciar que era una persona que rebosaba bondad y cariño. Se entregaba sin saberlo. Al mismo tiempo, retrocedía a zonas de descontrol e incoherencia. Esquizoide. Una esquizo hermosa y espiritual. Quizás algún hombre, algo acabase destruyéndola para siempre. Esperaba no ser yo. Por la mañana me levanté, hice un par cafés y le llevé uno a la cama. - Eres el primer hombre que conozco que ha querido hacerlo por la noche. Se fue al baño. Salió enseguida, realmente maravillosa, largo pelo negro resplandeciente, ojos y labios resplandeciente, toda resplandor... Se desperezó sosegadamente, buena cosa. Se metió en la cama. - Ven, amor. Fui. Besaba con abandono, pero sin prisa. Dejé que mis manos recorriesen su cuerpo. Acariciasen su pelo. La monté. Su carne era cálida y prieta. Empecé a moverme despacio y queriendo que durara. Ella me miraba a los ojos. - ¿Cómo te llamas? -pregunté. Solté una carcajada y seguí. Después se vistió y la llevé en coche al bar, pero era difícil olvidarla. Yo no trabajaba y dormí hasta las dos y luego me levanté y leí el periódico. Cuando estaba en la bañera, entro ella con una hoja: una oreja de elefante. - Sabía que estabas en la bañera -dijo-, así que te traje algo para tapar esa cosa, hijo de la naturaleza. Y me echó encima, en la bañera, la hoja de elefante. - ¿Cómo sabías que estaba en la bañera? Cass llegaba casi todos los días cuando yo estaba en la bañera. No era siempre la misma hora, pero raras veces fallaba, y traía la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor. Telefoneo una o dos noches y tuve que sacarla de la cárcel por borrachera y pelea pagando la fianza. - Esos hijos de puta - decía-, sólo porque te pagan unas copas creen que pueden echarte mano a las bragas. Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabundeando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas de ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría ido; pero no llevaba sentado treinta minutos en el West End cuando ella llegó y se sentó a mi lado. - Vaya, cabrón, has vuelto. Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nuca la había visto así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados. - Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza.... Se sacó lentamente los alfileres y los guardo en el bolso. - Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes siendo feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa. Tomamos otra copa. - ¿Qué andas haciendo? -preguntó. Salimos juntos, por la calle, la gente aún miraba a Cass. Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca. Fuimos a casa y abrir una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí, siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil sin tensión. Era como si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa.. de aquella manera que sólo ella podía reírse. Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quito aquel vestido del cuello alto y lo vi... Vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha. - Maldita sea, condenada, ¿Qué has hecho? -dije desde la cama La arrastré a la cama y la besé. Me empujo y se echo a reír: - Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido. Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido bajo mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso. Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando su felicidad. Por fin, vino y me zarandeó. - ¡Arriba, cabrón! ¡Chapúzate con agua fría la cara y la polla y ven a disfrutar del banquete! Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban, estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutiendo ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aire y paseamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos muchos. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como fluir juntos sin tensión. Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente "NO". La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui. Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fabrica y trabajé todo lo que quedaba de semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End. Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas. Cuando estaba ya bastante borracho, me dio el encargado. - Siento lo de tu amiga. Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel "NO". Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿Por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad muerta a los veinte años. Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé "¡MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CALLATE YA!". Y seguía avanzando la noche y yo nada podía hacer.
En homenaje a Mauricio Aznar Müller (1964-2000) leyendo![]() El de los conocimientos maravillosos y las historias entretenidas, peregrinas. Las cuales noches añaden curiosidad a curiosidad y ofrecen descripciones de amor y pasión y locura de amor. Y contienen historias y rarezas amenas y divertidas y graciosas, adornadas con figuras sorprendentes nuevas, de lo mas nuevo que haber pueda, y panoramas prodigiosos de los prodigios de los tiempos. Al noble pueblo árabe, que dio a LAS MIL Y UNA NOCHES lo que un padre da a sus hijos: sangre, nombre y lengua. Defendamos las Torres de Satélite![]() Estimados cómplices, colaboradores y amigos, estamos juntando firmas para frenar la iniciativa de poner el segundo piso del periférico a la altura de las Torres. La idea simplemente nos parece absurda e irreverente. Les anexamos la carta que estamos firmando en conjunto con la Fundación Barragán. Es importante reflejar que estamos en contra de esta idea, así que les pedimos que forwardien a sus contactos de la zona, y que por favor nos manden de la manera mas urgente su nombre y su dirección de correo a este correo: zona-azul@satelin-torres.org
Lee aquí el interesante artículo escrito por Fernando González Gortázar para el diario mexicano "La Jornada" (21-Julio-08) Las Torres de Satélite: ¿golpe final? Asociación Cultural Juan Antonio Cebrián![]() Acaba de nacer la "Asociación Cultural Juan Antonio Cebrián" Era necesario que existiera esta Asociación para aglutinar, con “fuerza y honor”, a todos aquellos que quieren formar parte activa de esta aventura como socios numerarios, buscando tres claros objetivos, tal como se definen en los Estatutos de la misma:
La Asociación nace con las ganas de juntar nuestras manos en un nuevo proyecto y de encontrarnos en uno de los muchos rumbos que marca nuestra querida Rosa de los Vientos. Esta vez los vientos alisios soplan en esta dirección con forma y fondo de Asociación Cultural porque la inmensa cultura que inculcó Juan Antonio en todos sus programas, actos y obras siempre será la proa y la bandera que marque ese rumbo. Se adjunta un formulario para todos aquellos que queráis formar parte de la Asociación, sin cuota alguna que aportar, con los derechos inherentes a la misma y tan sólo con la responsabilidad de saber que somos una gran familia que mira en la misma dirección, aportando ideas como nuestro principal patrimonio (“una idea no peligrosa no vale la pena de ser llamada idea”, lo dijo Oscar Wilde) y participando en actos encaminados a la divulgación de la memoria de Juan Antonio Cebrián, así como actividades dirigidas a la promoción y a la difusión de la cultura en general. Y no olvidemos nunca que la Asociación existe para el beneficio de todos los socios que la compongan y no para que nadie se beneficie de ella. Hay que aunar fuerzas y el mejor vehículo para hacerlo, aquí y ahora, es a través de esta Asociación Cultural que acaba de nacer con todos los mejores augurios.
CONTACTO Asociación Cultural Juan Antonio Cebrián asociacion@juanantoniocebrian.com
SOCIOS FUNDADORES Presidenta: Silvia Casasola Vicepresidente: Jesús Callejo Secretario: José Manuel Escribano
Y con ella nace su primer proyecto: "PROYECTO BIBLIOTECAS" Recogiendo distintas ideas e iniciativas que se nos han presentado y agradeciéndoos a todos el interés que ponéis y el cariño y la ilusión que nos seguís demostrando, desde la Asociación Cultural Juan Antonio Cebrián queremos proponeros una actuación que contribuya a la difusión del legado de Juan Antonio a la vez que fomente el conocimiento del público en general y potencie la participación de cuantos voluntarios –miembros de la Asociación o no- deseen colaborar. Se trata, en concreto, del “Proyecto Bibliotecas”, que consiste, para conseguir los objetivos antes expresados, en disponer de la obra completa de Juan Antonio en las bibliotecas públicas de las más importantes capitales de provincia. Para ello, el Proyecto se desarrollaría en las siguientes fases:
De esta manera, se establecería una eficaz y permanente colaboración entre editoriales, instituciones y ciudadanos, y se conseguiría la mayor difusión de la obra literaria de Juan Antonio Cebrián, que es uno de los fines principales de la Asociación y de todos sus seguidores y amigos.
¡FUERZA Y HONOR! |
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