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almale

La serpinte-boa ya no puede caminar...

Antes: Serpinte Boa que digería un elefante.
Ahora: "Trespies", un Cienpies de tan solo tres patas. (las 97 patas restantes elevarían demasiado la producción del producto, jejeje...)

Veremos dónde acaba todo esto.

Al volver la vista atrás

Al volver la vista atrás

En qué momento del trayecto te das cuenta que perdiste el camino...

Por fin, un poco de sensatez

La comisión de Justicia del Congreso aprueba la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo.

"Se equivocó la paloma"

"Se equivocó la paloma"

Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo;
que la noche, la mañana.
Se equivocaba.

Serpiente boa

Serpiente boa

Estos días ando loco con este objeto para un concurso.

De todas formas veremos donde llega...

Si sale con barbas, San Antón, y si no la Purísima Concepción

14 de abril de 1931

14 de abril de 1931

Escuchar Himno de Riego (por el gran Miguelón)

Leer Discurso del Presidente del Gobierno provisional Don Niceto Alcalá-Zamora transmitido por Unión Radio el día 14 de abril de 1931

1840

Otto Koloman Wagner Austria (13 julio 1841, Penzing – 11 abril 1918, Viena)

Camilo Sitte Austria (17 abril 1843, Vienna – 16 noviembre 1903, Vienna)

Dankmar Adler E.E.U.U. (3 julio 1844, Lengsfeld – 16 abril 1900, Chicago)

Charles Louis Ferdinand Dutert, Francia (1845, Douai - 1906, París)

Thorvald Bindesböll Dinamarca ( 21 julio 1846, Copenhague - 27 agosto 1908, Copenhague)

Daniel Hudson Burnham E.E.U.U. (4 septiembre 1846, Henderson – 1 junio 1912, Heidelburg)

Charles Follen McKim E.E.U.U. (24 agosto 1847, Chester County - 14 septiembre 1909, New York)

Louis Comfort Tiffany E.E.U.U. (18 febrero 1848, New York – 17 enero 1933, New York)

Charles Thays Argentina (28 julio 1849, París – 31 enero 1934, Buenos Aires)

Félix Navarro Pérez España (10 septiembre 1849, Tarazona – 22 julio 1911, Barcelona)

Martin Nyrop Dinamarca (11 noviembre 1849, Holmsland – 18 mayo 1921, Copenhague)

Ricardo Magdalena Tabuenca España (1849, Zaragoza – 1910, Zaragoza)

1850

John Wellborn Root, EEUU (1850-1891)

Lluís Domènech i Montaner, España (1850-1923)

Antonio Gaudí i Cornet, España (1852-1926)

Edward Schroder Prior, Inglaterra (1852-1932)

Stanford White, EEUU (1853-1906)

Alfred Messel, Alemania (1853-1909)

Vladimir Grigodewitsh Schuchow, Rusia/EEUU (1853-1939)

William Holabird, EEUU (1854-1923)

Martin Roche, EEUU (1855-1927)

Bernhard Sehring, Alemania (1855-1941)

Louis Henry Sullivan, EEUU (1856-1924)

Hendrick Petrus Berlage, Holanda (1856-1934)

Charles Francis Annesley Voysey, Inglaterra (1857-1941)

William Richard Lethaby, Inglaterra (1857-1931)

libros

En estos últimos años dos son los autores que me atormentan. Cómo llegaron... no lo recuerdo, pero parece que llevan conmigo toda la vida. Podría pasar horas y horas conversando con ellos. Sus nombres; Jorge Luis Borges y José Saramago.

Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo; hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. J.L.B.

Circuitos I

Circuitos I

Visitando diferentes lugares por la red encontré varias imágenes de circuitos antiguos. En uno de ellos dice textualmente: "...Los circuitos parecen hechos a mano, haciendo curvas para aprovechar el máximo de espacio. Me imagino el trabajo que costarían hacer los bocetos para ir conectando punto con punto y conseguir que todas las conexiones cupiesen en la placa sin tocarse. Toda una obra de ingeniería y en cierta manera arte..." Toda una obra de artesanía (más que ingeniería). Prosigue el texto: "...Ahora las reglas son las mismas pero las líneas han dejado de ser curvas para convertirse siempre en ángulos. De hecho no hay ninguna curva en los circuitos de ahora..." El racionalismo ha llegado también a la informática, la pureza y economía de las líneas rectas ha desterrado el laborioso trabajo de las líneas curvas. De nuevo la industria gana al trabajo artesanal. Ambos son igual de válidos y no pretendo decantarme ni por uno ni por otro.

Pero resulta curioso que esta foto me traiga a la cabeza el comienzo del movimiento moderno (dedo estar enfermo, jejeje...). Miro la foto y veo una obra modernista, un trabajo artesanal cercano a Charles Mackintosh. Jose Antonio Coderch gritó: "No son genios lo que necesitamos ahora" , un amigo arquitecto me decía hace unos días; "lo que necesitamos son albañiles".
Yo añadiría, albañiles... con conocimientos de latín (Loos tenía razón).

Continuara...

El texto citado anteriormente sobre circuitos pertenece al siguiente blog: esther fuldauer

Colores

Colores

Un diccionario de colores.
Un sitio realmente interesante; pourpre.com

Aprender a callar

Que difícil tarea.

Buscando una foto para este artículo encontré un libro que tiene muy buenas pintas: El arte de callar del Abate Dinouart, editorial Siruela.

Cuanto más lejos... mejor

Después de 15 días trabajando sin parar para terminar un concurso de 960 viviendas y harto de abogados (no quiero hacer mala sangre) me pillo unos días de vacaciones.

Antes de salir he pasado por la librería de colegio a recoger unos libros que tenía encargados: “Pensar la arquitectura” de Peter Zumthor (Una colección magnifica de GG con una presentación muy interesante), e “Inquietud teórica y estrategia proyectual en la obra de ocho arquitectos contemporáneos” de Rafael Moneo, parece muy interesante (de Actar). También me he acercado a la biblioteca para retirar un libro que hace tiempo tenía ganas de leer; “Mies van der Rohe: Una biografía crítia” escrito por Franz Schulze.

!Ah¡ y también me llevo el siguiente capítulo del sueño de Alicia y Fredy (gracias a los dos por creer en el sueño).

Necesito unos días de tranquilidad, en soledad...

Intersecciones

Intersecciones

Un libro muy interesante, "Intersecciones" de Luis Martínez Santa-María, autor tambien de "El arbol, el camino, el estanque, ante la casa" de arquíthesis nº15.
Un grato descubrimiento. Un formato muy cómodo, fotos interesantes, textos brillantes y un precio irrisorio.

Para abrir boca...el prólogo:

Más alla de ser un concepto geométrico o matemático, una
intersección es un encuentro, un ajuste, el aviso de una ligadura
que, entre infinitas posibles, se ha hecho única e irrepetible.
Todo está alerta ante lo otro, todo sonríe, puede estar próximo,
es crucial. Esta intersección, que puede ser largamente admirada
en las obras de arquitectura, se explica también como una
reacción y como un acontecimiento. La intersección se crea. El
trabajo creativo interseca. Nada está del todo dicho. La arquitectura
de cualquier tiempo da señales legibles -e ilegibles- de
hasta qué punto, en este mundo de intriga, en medio de esta
bruma, todo puede estar relacionado.

Más información en editorial Rueda

Alvar Aalto

Alvar Aalto

Hugo Alvar Henrik Aalto (3 de Febrero de 1898, Jyväskilä – 11 de Mayo de 1976, Helsinki)

Cementerio de Hietaniemi (Helsinki, Finlandia)

Diseñada por Elissa Mäkiniemi (segunda esposa de Aalto)

Elissa importó de Italia un capitel jónico del siglo XVIII para la tumba de Aalto.

“...Por supuesto que he escrito poesías. Pocas, pero bellas, por supuesto. Pero están escritas en la arena y las poesías escritas en la arena no sirven para las revistas y los editores. Su editor es el viento, un editor estupendo...” (A. Aalto, 1958)

“…No me atrevo a vaticinar qué pasará en unos lustros, ya que sobrepasa los límites humanos de previsión y adivinación, pero quizá en el futuro todos seamos arquitectos y seres humanos verdaderos; sería deseable. No podemos anular errores, pero todos podemos conseguir el menor número de fallos posible o, mejor dicho, cometer sólo fallos benignos...” (A.Aalto, 1972)

“...como digo, la arquitectura es con seguridad el juego más barato y hermoso del mundo...” (A. Aalto, 1957)

Libro de visitas

Libro de visitas

Como decía Emil Cioran; "Todo el mundo me exaspera. Pero me gusta reír. Y no puedo reír solo..."

Me gustaría conocer toda la gente que pierde su tiempo en leer una bitácora como esta... gracias

Pájaros en la cabeza

Pájaros en la cabeza

Aprovechando que esta mañana tenía que ir a llevar unos planos a la copisteria en el centro, me he acercado a comprar el último disco de Juan y Eva. Ya puesto he ido a mirar los libros y allí estaba él... (este fin de semana no habrá cañitas, pero merece la pena).

El libro en cuestión (que no es libro, sino catálogo) lo publica la Fundación Miró que presenta estos días la exposición: “Sert arquitecto 1928 – 1979” Medio siglo de arquitectura - Obra Completa. El catálogo es una maravilla, un cuidado diseño gráfico, una impresión excelente y unas fotos muy interesantes. Lo único que hecho en falta (al tratarse de una Obra Completa) es una mayor documentación gráfica a una escala legible... al final acabaremos todos ciegos.
No es cosa de risa, en el despacho compramos una lupa para poder ver los detalles del Croquis.

Lo mejor del libro, ¡Uhm!... su olor

"De un pobre hombre rico"

"De un pobre hombre rico"

"De un pobre hombre rico"

Von einem armen, reichen Mann
Neues Wiener Tablatt, Viena, 26 de Abril de 1900.
Adolf Loos

Quiero hablaros acerca de un pobre hombre rico. Tenía dinero y
bienes, una mujer fiel que, con un beso en la frente, le liberaba de las
preocupaciones que traían los negocios, un corro de hijos que hubiera
provocado la envidia del más pobre de sus trabajadores. Sus amigos
le querían, pues todo lo que emprendía prosperaba. Pero hoy la situación
es muy, muy distinta. Y así ocurrió:

Un día ese hombre se dijo: «Tienes dinero y bienes, una mujer fiel e
hijos, por los que te envidiaría el trabajador más pobre. Pero ¿eres
feliz? Date cuenta que hay personas que carecen de todo por lo que se
te envidia. Pero sus preocupaciones las ahuyenta un gran mago, el
arte. ¿y qué es para ti el arte? No lo conoces ni siquiera de nombre.
Cualquier advenedizo puede entregarle su tarjeta de visita y tu criado
le abrirá de par en par. Pero al arte todavía no lo has recibido en tu
casa. Yo sé bien que no vendrá. Pero iré en su búsqueda. Debe instalarse
y habitar en mi casa como un rey».

Era un hombre de mucha fortaleza, lo que asía era resuelto con energía.
Era lo acostumbrado en sus negocios. Así, acudió ese mismo
día a un famoso arquitecto y le dijo: «Tráigame usted arte, arte entre
mis cuatro paredes. El gasto no importa».

El arquitecto no dejó que se lo dijeran dos veces. Fue a casa del
hombre rico, echó fuera todos sus muebles, hizo venir un ejército de
colocadores de parquet, estucadores, barnizadores, albañiles, pintores
de paredes, ebanistas, fontaneros, fumistas, tapiceros, pintores y escultores
y ¡zas!, sin darse cuenta se había atrapado, empaquetado, bien
guardado el arte entre las cuatro paredes del hombre rico.

El hombre rico era más que feliz. Más que feliz paseaba por las nuevas
habitaciones. Donde quiera que mirara había arte, arte en todo y
por todo. Agarraba arte cuando agarraba un picaporte, se sentaba
sobre arte cuando tomaba asiento en un sillón, apoyaba su cabeza en
arte cuando cansado la apoyaba en las almohadas, su pie se hundía en
arte cuando andaba sobre las alfombras. Se deleitaba en arte con
enorme fervor. Desde que su plato también había sido decorado con
motivos artísticos, cortaba su boeuf à l'oignon con doble energía.

Se le alababa, se le envidiaba. Las revistas de arte glorificaban su
nombre como uno de los primeros en el reino de los mecenas, sus
habitaciones fueron retratadas, comentadas y explicadas para servir
como modelo a las reproducciones.

Pero lo merecían. Cada estancia constituía una determinada sinfonía
de colores. Pared, muebles y telas estaban combinados de la manera
más refinada. Cada objeto tenía su lugar idóneo y estaba ligado a
los demás en unas combinaciones maravillosas.

El arquitecto no había olvidado nada, absolutamente nada. Ceniceros,
cubiertos, interruptores, todo, todo había sido combinado por él.
y no se trataba de las artes arquitectónicas vulgares, no, en cada ornamento,
en cada forma, en cada clavo estaba expresada la individualidad del propietario.
(Una labor psicológica cuya dificultad reconocerá cualquiera.)

El arquitecto, sin embargo, rechazaba todos los elogios modestamente.
Porque, decía él, estas habitaciones no son mías. Allá en frente,
en el rincón, hay una estatua de Charpentier. Y, al igual que yo le
reprocharía a cualquiera que afirmara haber diseñado una habitación
aunque hubiese usado tan sólo uno de mis picaportes, del mismo
modo yo no puedo decir que estas habitaciones han sido concebidas
por mí. Esto eran palabras nobles y consecuentes. Cierto ebanista, que
quizás empapeló su habitación con papel pintado de Walter Crane y
que, a pesar de todo, se atribuía los muebles que ahí se encontraban
por haberlos proyectado y ejecutado él mismo, se avergonzaba hasta
lo más profundo de su negra alma al enterarse de estas palabras.

Volvamos tras esta divagación a nuestro hombre rico. Ya he dicho lo
feliz que era. Una gran parte de su tiempo la dedicó a partir de entonces
sólo al estudio de su vivienda. Pronto se dio cuenta de que debía
estudiarla. Había mucho que memorizar. Cada objeto tenía su lugar
concreto. El arquitecto se había portado bien con él. Había pensado
en todo con antelación. Para la cajita más pequeña había un lugar
concreto, hecho intencionadamente para ella.

La vivienda era cómoda pero, para la cabeza, muy fatigante. Por
ello, durante las primeras semanas, el arquitecto vigiló en qué forma
se desenvolvían para que no incurrieran en ningún error. El hombre
rico se esforzaba. Pero ocurrió que, distraídamente, dejó un libro que
sostenía en la mano en el cajón destinado a los periódicos. O que
depositó la ceniza de su cigarro en aquel hueco de la mesa destinado
al candelabro. Cuando se había cogido un objeto, adivinar y buscar el
antiguo lugar que le correspondía no tenía fin, y en alguna ocasión
tuvo el arquitecto que consultar los planos de detalle para volver a
encontrar el lugar que le correspondía a una caja de cerillas.

Donde el arte aplicado había conseguido tales triunfos, no podía
quedarse atrás la música aplicada. Esta idea tenía muy preocupado al
hombre rico. Hizo una solicitud a la compañía de tranvías con la
cual intentaba que en sus vehículos utilizaran el motivo de campanas
de Parsifal en lugar de sonidos sin sentido. En la compañía no le
hicieron caso. Todavía no daban suficiente acogida a ideas modernas.
A cambio, se le permitió que pavimentara, a su cargo, la zona frente
a su casa, de modo que cada vehículo estuviera obligado a pasar por
delante al ritmo de la marcha de Radetzky. También los timbres eléctricos
de sus salones fueron provistos con motivos de Wagner y Beethoven y todos
los profesionales de la crítica de arte alababan en gran manera al hombre
que había abierto un nuevo dominio "al arte en los artículos de uso".

Como puede imaginarse, todas estas mejoras hicieron al hombre aún más feliz.

Pero no puede callarse que procuraba estar el menor tiempo posible en casa.
Y es que, de vez en cuando, se desea descansar un
poco de tanto arte. ¿O podría usted vivir en una galería de cuadros?
¿O estar sentado meses enteros en «Tristán e Isolda»? En fin, ¿quién
le iba a reprochar que recurriera de nuevo al café, al restaurante o a
los amigos y conocidos para reunir fuerzas para estar en su casa? Se lo
había imaginado distinto. Pero el arte requiere sacrificios. Ya había
llevado a cabo tantos. Los ojos se le humedecían. Pensaba en muchas
cosas viejas a las que había tenido tanto cariño ya las que, de vez en
cuando, echaba de menos. ¡El gran butacón! Su padre siempre había
hecho la siesta en él. ¡El viejo reloj! ¡Y los cuadros! ¡Pero el arte lo exige!
¡Ante todo, no aflojar!

Ocurrió que una vez celebraba su cumpleaños. La mujer y los hijos
le habían colmado de regalos. Las cosas le agradaron sobremanera y
le produjeron cordial alegría. Poco después llegó el arquitecto para
comprobar que todo estaba en orden y dar respuesta a cuestiones difíciles.

Entró en la habitación. El dueño le salió contento al encuentro pues
tenía muchas preguntas que formular. Pero el arquitecto no advirtió
la alegría del dueño. Había descubierto algo muy distinto y palideció:

«Pero, ¡qué zapatillas lleva usted puestas!», exclamó con voz penosa.

El dueño miró su calzado bordado. Pero respiró aliviado. Esta vez se
sentía totalmente inocente. Las zapatillas habían sido confeccionadas
fielmente de acuerdo con el diseño original del arquitecto. Por ello
replicó con aire de superioridad:

«¡Pero, señor arquitecto, ¿lo ha olvidado? Las zapatillas las ha diseñado
usted mismo!»

«¡Ciertamente!, tronó el arquitecto, pero para el dormitorio. Usted
está estropeando todo el ambiente con esas dos horribles manchas de
color. ¿No se da usted cuenta?»

El dueño de la casa lo vio inmediatamente. Se quitó rápidamente las
zapatillas y se alegró tremendamente de que el arquitecto no encontrara
imposibles también sus calcetines. Se dirigieron al dormitorio
donde el hombre rico pudo volverse a calzar las zapatillas.

«Ayer, empezó tímidamente, celebré mi cumpleaños. Los míos me
colmaron de regalos. Le he hecho llamar, querido señor arquitecto
para que nos aconseje sobre cuál es la mejor manera de colocar los
objetos.»

La cara del arquitecto se alargaba visiblemente. Entonces estalló:

«¡Cómo se le ocurre dejarse regalar algo! ¿No se lo he diseñado yo
todo? ¿No lo he tenido ya todo en cuenta? Usted no necesita nada
más. Está usted completo.»

«Pero, se permitió replicar el dueño de la casa,
¡todavía podré comprarme algo!»

«¡No, no puede usted! ¡Nunca más y nada más! Sólo me faltaba esto.
Cosas que no hayan sido diseñadas por mí. ¿No he hecho suficiente
permitiéndole el Charpentier? ¡La estatua que me roba toda la fama
de mi trabajo! ¡No, no puede comprarse usted nada más!»

«¿Y si mi nieto me regala un trabajo del jardín de infancia?»

«¡Pues no puede usted aceptarlo!»

El dueño de la casa estaba anonadado. Pero aún no había perdido.

«¡Una idea, ya la tengo, una idea!: ¿y si quisiera comprarme un
cuadro de la Sezession?» preguntó triunfante.

«Intente colgarlo en algún sitio. ¿No ve usted que ya no queda sitio
para nada más? ¿No ve usted que para cada cuadro que le he colgado
le he compuesto un marco en la pared, en el muro? No puede desplazar
ni un solo cuadro. Intente usted colocar un nuevo cuadro.»

Entonces se produjo un cambio en el hombre rico. El hombre feliz
se sintió de repente profunda, profundamente desdichado. Vio su
vida futura. Nadie podía proporcionarle alegría. Debería pasar sin
deseos frente a las tiendas de la ciudad. Para él ya no se creaba nada
más. Ninguno de los suyos le podía regalar su retrato, para él ya no
existían más pintores, más artistas, más oficios manuales. Estaba cortado
del futuro vivir y aspirar, devenir y desear. Sentía: ahora debo
aprender a vagar con mi propio cadáver.
Cierto: ¡Está completo!,¡Está acabado!

1. Adolf Loos. Escritos I 1897-1909

Luz blanca, sombra negra

Luz blanca, sombra negra

"Luz blanca, sombra negra"

White light, black shadow , Houston 1969
Louis Isidore Kahn

Hace cerca de un mes,
Estaba trabajando hasta tarde en mi despacho,
como de costumbre,
y un hombre que trabaja conmigo me dijo,
“Me gustaría hacerte una pregunta
que me ronda por la cabeza desde hace tiempo...
¿Cómo describirías esta época?”

Este hombre es húngaro, vino a este país
cuando los rusos entraron en Hungría.
Me quedé pensando en su pregunta porque, de alguna manera,
me fascina contestar preguntas de las que desconozco la respuesta.

Pero había estado leyendo en el New York Times Magazine
Acerca de lo sucedido en California.
Estuve viajando por California y pasé por Berkeley,
y me di cuenta del alance de la revolución,
y de las grandes promesas de la máquina, y sentí,
por haberlo leído hacía poco,
que había poetas intentando escribir poemas
sin palabras.

Me senté durante al menos diez minutos,
sin moverme,
repensando todas estas cosas en mi mente,
hasta que, finalmente, le dije a Gabor,

“¿Cómo es la sombra de la luz blanca?”

Gabor tiene la costumbre de repetir lo que dices,
“Luz blanca... luz blanca... no sé”.
Y le dije, “Negra, no tengas miedo,
porque la luz blanca no existe,
como tampoco existe la sombra negra”.

Creo que es el momento de llevar a nuestro sol a juicio,
a todas nuestras instituciones a juicio.

Me crié cuando la luz del sol era amarilla
y la sombra azul.
Pero me doy cuenta de que era una luz blanca y una sombra negra.
Aun así, nada de esto es alarmante, porque creo llegará
un amarillo luminoso y un azul hermoso,
y que la revolución impulsará un nuevo sentido
de lo maravilloso. Sólo a partir de lo maravilloso
pueden surgir nuevas instituciones...
seguro que no pueden surgir del análisis.

Y dije, “Sabes, Gabor,
si pudiera pensar a qué dedicarme, distinto de la arquitectura,
escribiría un nuevo cuento de hadas,
porque del cuento de hadas surgieron los aviones,
y las locomotoras,
y esos maravillosos instrumentos: nuestras mentes...
todo surgió del maravillamiento.”

Todo ocurría en un momento
en que iba a pronunciar tres charlas consecutivas en Princenton.
No tenía aún título para mis charlas,
y estaba siendo acosado por le secretario
que quería los títulos para anunciarlas.
Después de la noche de la discusión con Gabor,
ya sabía los títulos.
(Cómo compensa tener a alguien que se preocupa
por todo, y no sólo por nimiedades.)

Gabor está tan preocupado.
De hecho, está tan enamorado del significado
de la “palabra” misma
que fácilmente compararía
una escultura de Fidias
con una palabra.
Cree que una palabra tiene dos cualidades.
Una de ellas es mensurable, de uso cotidiano,
la otra es la maravilla de su propia existencia,
que es inconmensurable.

Así que sabía ya los títulos de mis charlas en Princenton:
a la primera la llamé,
Arquitectura: la luz blanca y la sombra negra
a la segunda,
Arquitectura: las instituciones del hombre
y a la tercera,
Arquitectura: lo increíble.

En el reino de lo increíble se halla
lo maravilloso del nacimiento de una columna.
Del muro nace la columna.
El muro hizo bien al hombre.
Con su grosor y su fuerza
lo protegió de la destrucción.
Pero pronto, la voluntad de mirar hacia fuera
hizo que el hombre agujereara el muro,
y al muro le dolió mucho, y dijo,
“¿Por qué me haces esto?
Yo te protegí; te hice sentir seguro,
¡y ahora me atraviesas con un agujero¡”
Y el hombre respondió, “¡Pero ahora veré el exterior¡
Veo cosas maravillosas ahí fuera,
y quiero mirarlas”.
Y el muro continuó sintiéndose muy triste.
Más tarde, el hombre dejó de agujerear el muro,
e hizo una abertura más perspicaz,
adornada con piedras delicadas,
y puso un dintel sobre la abertura.
Y pronto el muro se sintió bastante bien.

Aquella manera de tratar al muro fue el inicio de
un orden en la manera de hacer muros con aberturas.
Después vino la columna,
que era un orden más bien automático,
que decidía que algo se abría,
o que no se abría.
El ritmo de las aberturas las decidía entonces el propio muro,
que ya no era un muro,
sino una serie de columnas y de aberturas.
La comprensión de todo ello no surgió de algo natural.
Surgió de un sencillo misterioso
que el hombre posee para expresar las maravillas del alma
que demandan expresión.

La razón de nuestra vida es expresar... expresar odio...
expresar amor... expresar integridad y habilidad...
todo cosas intangibles.
La mente es el alma
y el cerebro es el instrumento del que se deriva
nuestra singularidad, y del que se deducen nuestras actitudes.
Un cuento de Gógol podría ser un cuento sobre la montaña,
el niño y la serpiente.
Su tema se escoge así,
La naturaleza no escoge... simplemente desenmaraña sus leyes,
y todo se diseña por la interacción de circunstancias
en las que el hombre decide.
El arte implica una elección,
Y todo lo que el hombre hace pertenece al arte.

En todo lo que la naturaleza hace,
la naturaleza registra cómo lo hizo.
La roca registra a la roca,
El hombre registra cómo fue hecho.

Cuando somos concientes de esto,
sabemos algo de las leyes del universo.
Algunos pueden reconstruir las leyes del universo
simplemente estudiando una hoja de hierba.
Otros tienen que aprender muchas cosas, muchas,
hasta saber lo necesario
para descubrir el orden del universo.

La inspiración por aprender
surge de nuestra manera de vivir.
A través de nuestro ser consciente
sentimos el carácter de la naturaleza que nos formó.
Nuestras instituciones del aprendizaje surgen
de la inspiración por aprender,
que es una intuición sobre cómo fuimos hechos.
Pero las instituciones del aprendizaje
Tienen que ver principalmente con la expresión.
Incluso la inspiración para vivir
sirve para aprender a expresar.
La institución de la religión surge
de la inspiración a preguntar,
que a su vez surge de cómo fuimos hechos.

No conozco servicio más grande
Que un arquitecto pueda hacer,
en tanto que profesional,
que darse cuenta de que cada edificio
debe servir a una institución del hombre,
tanto si la institución es de gobierno,
de hogar, de aprendizaje,
o de salud, o de ocio.

Una de las grandes ausencias en la arquitectura actual
es que estas instituciones no se definen,
que se dan por hechas, tal y como aparecen en los programas,
y se convierten así en edificios.

Quiero poneros algunos ejemplos
de lo que quiero decir con reprogramar.

Como trabajo de curso en la universidad,
planteé el problema de un monasterio,
y yo adopté el papel del eremita
que creía en la necesidad de una sociedad de eremitas.
¿Dónde empiezo?
¿Cómo siento esa sociedad de eremitas?
No tenía programa,
y durante dos densas semanas hablamos de la naturaleza.
(La comprensión de la naturaleza es uno de los objetos del eremita).

Una chica india fue la primera en decir algo significativo.
Dijo, “Creo que en este lugar
todo debería surgir de la celda.
De la celda surgiría el derecho a existir de la capilla,
de la celda surgiría el derecho al retiro,
y el de los talleres para vivir.
Otro estudiante indio
(sus mentes piensan de un modo más trascendente)
dijo, “Estoy de acuerdo, pero me gustaría añadir
que el refectorio debe ser equivalente a la capilla,
y la capilla equivalente a la celda
y el retiro igual al refectorio.
Ninguno es más importante que los demás”.

Ahora bien, el estudiante con más talento de la clase era ingles.
Presento un proyecto maravilloso
al que añadiría otro elemento,
una chimenea, que estaba situada en el exterior.
En cierto sentido, no podía prescindir del significado
Del fuego, de la calidez y de la promesa del fuego.
También colocó el retiro a ochocientos metros del monasterio,
argumentando que era un honor para el monasterio tener
un retiro, y que una parte importante del monasterio
debería cederse al retiro.

Llamamos a un monje de Pittsburgh
para que nos dijera lo maravillosa que era nuestra reflexión.
Era un monje alegre,
un pintor que vivía en un estudio grande,
y que estaba en su celda a regañadientes.
Realmente empezó a tomarnos el pelo,
sobre todo acerca del refectorio situado
a ochocientos metros del complejo.
Dijo, “¡Antes preferiría que me sirvieran la comida en la cama!”
Cuando se fue, nos sentíamos desalentados,
pero luego pensamos,
“Total, es sólo un monje...¡qué va a saber él!”

Desarrollamos el problema,
Y hubo algunas soluciones maravillosas.
Os aseguro que lo más satisfactorio era tener la certeza
de que las soluciones no procedían de un programa muerto,
de un programa dictado en metros cuadrados.
Las consideraciones habituales acerca de la naturaleza
de un refectorio y demás fueron ignoradas.
Cuando corregimos los proyectos, invitamos al padre Roland,
y se declaró un acérrimo defensor
de los proyectos más ultramodernos,
pero el programa, que normalmente viene dado,
había muerto.
El programa original no contemplaba lo nuevo,
no tenía voluntad de vida,
y estos estudiantes estaban inspirados.
Cada estudiante dio con una solución distinta,
pero todos sugirieron una vida nueva, elementos nuevos.
No os lo puedo describir todo ahora,
pero lo que empezó como una simple reconsideración
emergió con el poder de un nuevo comienzo,
en el que los nuevos descubrimientos
podían llevarse a cabo en un contexto actual.

Propuse otro ejercicio en la universidad,
Un club juvenil... algo de mucho interés hoy en día.
¿Qué es un club juvenil?
En cierto sentido, era necesario fijar un lugar
y para los alumnos, la búsqueda de un lugar
llevó consigo la idea de que sería fantástico que,
en las cercanías del club, algunas de las calles
pudieran cortarse para acabar con el movimiento,
el movimiento desinteresado a su través.
Ello provocaría que no fuera práctico atravesarlas,
y esas calles, en las que el tráfico era perjudicial,
iniciarían una nueva vida.
Sus cruces se convirtieron en pequeñas plazas
y, de algún modo, el club juvenil aparecía
como si fuera posible que estuvieran allí.
Simplemente por la imposición directa,
las calles se convirtieron en aparcamientos
-e incluso en lugares de juego-
tal y como solía ser.

Recuerdo que, cuando era niño,
solíamos tirar el balón desde la ventana del primer piso.
Nunca íbamos a un espacio especialmente pensado para jugar;
El espacio del juego se establecería en el momento de jugar.
El juego era inspiración, no organización.

Durante nuestro debate sobre la naturaleza de un club juvenil.
un estudiante salió y dijo.
“Creo que un club juvenil es un granero”.
Otro estudiante, algo contrariado
porque no se le había ocurrido antes lo del granero,
dijo, “No, creo que es una cabaña”
(Aquella no era ciertamente una gran contribución).

El propio Gabor, que asiste a clase como oyente,
no dice nada a menos que se le pregunte.
Estábamos ya en la tercera semana
deliberando sobre la naturaleza de un club juvenil.
Le dije a Gabor, “¿Qué crees tú que es un club juvenil?”

Dijo, “Creo que un club juvenil es un lugar desde.
No es un lugar hacia, sino desde.
Es un lugar cuyo espíritu debe ser
desde donde uno va, y no hacia donde uno va”.

Es inmenso, cuando pensamos
en la luz blanca y la sombra negra.
¿Por qué esta revolución?
Porque la gente, de algún modo, se enfrenta a las cosas,
y, de repente, desconfían de las instituciones del hombre.
Desde la revolución vendrán más cosas maravillosas,
o simplemente, la redefinición de las cosas.

¿Es una escuela un lugar hacia o un lugar desde?
Es una pregunta sobre la que aún no me he decidido,
pero es algo terrible sobre lo que preguntarse.
Cuando proyectas una escuela,
¿dices que va a tener siete seminarios...
o es algo que de algún modo tiene la cualidad
de ser un lugar en el que inspirarse?
¿Un lugar para hablar,
para sentir que participas de una especie de conversación?
¿Podría tener uno de esos espacios una chimenea?
Podría haber una galería en vez de un pasillo.
La galería es realmente el aula de los estudiantes,
donde el chico que no entendió demasiado
aquello que el profesor había dicho,
podría comentárselo a otro,
un chico que parece tener un tipo de oído distinto,
así que ambos acabarían por comprender.

El monasterio que estoy haciendo
tiene un lugar de entrada que resulta ser una puerta.
Está decorada para invitar a todas las religiones,
algo que se está empezando a hacer ahora.
Pero se les da un lugar sólo en la puerta de entrada,
porque la santidad del monasterio debe preservarse.

En Salk Institute for Biological Studies,
cuando Salk vino a mi despacho y
me pidió que construyera un laboratorio,
el programa era muy simple.
Me dijo, “¿Cuántos metros cuadrados tienen
las torres de medicina de University of Pennsylvania?”.
Le dije que unos 9.300.
Me dijo, “Hay una cosa que me gustaría poder lograr.
Me gustaría invitar a Picasso al laboratorio”.
Su inspiración, claro está, era que en la ciencia,
preocupada por lo mensurable,
hay una voluntad de ser aquello que se es,
desde la cosa más pequeña.
El microbio quiere ser un microbio
(por alguna razón impía),
y la rosa quiere ser una rosa,
y el hombre quiere ser un hombre...
para expresar... cierta postura,
cierta actitud, cierto algo,
que se mueve en una dirección y no en otra,
martilleando sin parar a la naturaleza para proporcionar
los instrumentos que lo hacen posible.
Salk, el científico, intuía ese gran deseo de expresión.
El científico, aislado de cualquier otro modo de pensar,
necesitaba más que nada la presencia de lo inconmensurable,
que es el territorio del artista.

Es el lenguaje de Dios.

La ciencia encuentra lo que ya está ahí,
pero el artista hace lo que no está.

Esta consideración cambió el Salk Institute
de un simple edificio como el de University of Pennsylvania
a uno que requería un lugar de encuentro
que fuera tan grande como un laboratorio.

Era el lugar del vestíbulo del arte,
es decir, un lugar para las artes y las letras.
Un lugar en el que uno comía,
Porque no sé de un seminario mejor
Que los comedores.
Había un gimnasio;
había un lugar para los becarios que no eran científicos;
había un lugar para el director.
Había habitaciones sin nombre,
como el vestíbulo de entrada, que no tenía nombre.
Era la habitación más grande,
pero no estaba diseñada de ninguna manera.
La gente también podía rodearla;
no tenían por qué atravesarla.
Pero el vestíbulo de entrada era un lugar
Donde se podía servir un banquete si se quería.

Ya sabes qué pasa cuando no quieres entrar
en un gran vestíbulo señorial
donde debes saludar a alguien al que no te apetece saludar,
y eso también les ocurre a los científicos.
A los científicos les entra pánico de que alguien cercano
Esté haciendo exactamente lo mismo que ellos.
Eso les mata.

Todas estas reglas y consideraciones constituyen el programa.
(si se lo quiere llamar así).
Pero programa es una palabra demasiado aburrida.
Se trata de comprender la naturaleza
de un conjunto de espacios
donde es bueno hacer algo en concreto.
Ahora bien, decís que algunos espacios
deberían ser flexibles.
Claro que algunos espacios deberían ser flexibles,
pero también los hay que deberían
ser completamente inflexibles.
Deberían ser pura inspiración...
sólo el lugar donde estar,
el lugar que no cambia,
excepto para la gente que entra y sale de él.
Es el tipo de sitio que sólo al cabo de cincuenta años dices,
“Eh, ¿te has dado cuenta de esto... y de aquello?”

Es una totalidad inspiradora,
no sólo un detalle, un simple artilugio
que insiste en gritarte.
Es algo parecido a una especie de cielo,
una especie de entorno espacial,
terriblemente importante para mí.
Un edificio es un mundo dentro de otro mundo.
Los edificios que personifican lugares de culto,
u hogares, u otras instituciones del hombre,
deben de ser fieles a su naturaleza.

Este es el pensamiento que debe perdurar;
si muere, la arquitectura está muerta.

Mucha arquitectura de la esperanza está muerta,
porque quieren sustituirla.
Pero me temo no tienen la habilidad de conseguirlo.
De modo que mucha gente está hoy dispuesta
a confiar demasiado en la máquina.
No deben nunca separar la máquina de la arquitectura,
que es su mayor poder.
Pronto llegaremos a una ciudad sin arquitectura,
y no será ya una ciudad.

Creo que hay áreas sin explorar en la planificación.
Creo que si se las entregara a los arquitectos
todo iría bien.
Sin embargo, hay arquitecturas sin explorar en la ciudad...
La arquitectura del orden está sin explorar.
¿Por qué debemos construir depósitos distantes
del lugar al que transportan sus piezas?
¿Por qué no hay puntos
en los que los grandes cruces de circulación
proporcionen continuidad?

Aunque para otras necesidades cívicas
no hace falta ser tan estricto,
debemos prestar atención al agua.
Porque el agua es cada vez más preciosa.
Debe haber alguna especie de orden en el agua;
el agua de una fuente,
y el agua del aire acondicionado
no tienen por qué ser la misma agua que bebemos.

Voy a construir una ciudad en la India,
al menos eso me han dicho,
y creo que allí la arquitectura más importante
serán las torres del agua.
Las torres de agua se ubicarán
donde estén los servicios cívicos.
Habrá torres de agua,
Posiblemente, en los cruces de carreteras.
También se situarían allí la comisaría, los bomberos.
Ese lugar no será un edificio...
será simplemente una extensión de la carretera.
El movimiento tan sólo se enrosca en forma de avión...
mi cruce podría ser el lugar donde se coge el avión.

Creo que la solución de Eero Saarinen
para el aeropuerto de Dulles
es bella como lugar de entrada.
Quizás el tráfico no sea el mismo
porque la configuración no es la misma,
pero tienes la sensación de llegar a alguna parte,
y de que vas a ese lugar en un coche diseñado para ese fin.
El aeropuerto de Dulles es muy superior
a todos esos aeropuertos
en los que cada compañía tiene su propia casita.
En esos aeropuertos te sientes atrapado.
Es realmente una conspiración.
No son bondadosos con el hombre,
y uno se siente muy desamparado.
El hombre está aquí mientras debería estar en otra parte.

Hablábamos antes, esta mañana,
De los tres aspectos de la enseñanza de la arquitectura.
En realidad, creo que no enseño arquitectura,
sino que me enseño a mí mismo.

Estos, sin embargo, son los tres aspectos:
El primero es profesional.
Como profesional tienes la obligación de aprender
Cuál debe ser tu conducta en las distintas relaciones...
En las relaciones institucionales,
y en tus relaciones con las personas
que te confían un trabajo.
En este sentido, debes saber distinguir
entre ciencia y tecnología.
Las reglas estéticas constituyen también un saber profesional.
Como profesional, estás obligado a traducir
el programa de un cliente a los espacios
de la institución a la que sirven.
Se puede decir que es un orden espacial,
o un entorno espacial de esta actividad del hombre
que es tu responsabilidad profesional.
Nadie debería tomar el programa
y simplemente dárselo al cliente
como si estuviera rellenando una receta médica.

Otro aspecto es la preparación del hombre para expresarse.
Esta es su propia prerrogativa.
Se le debe otorgar el significado de la filosofía,
el significado de la creencia, el de la fe.
Debe conocer las demás artes.
Utilizo ejemplos que quizás ya he utilizado demasiadas veces,
pero el arquitecto debe comprender su prerrogativa.
Debe saber que un pintor puede volver a la gente cabeza abajo,
si lo desea, porque un pintor no tiene por qué atenerse
a las leyes de la gravedad.
El pintor puede hacer puertas más pequeñas que las personas;
puede pintar cielos negros durante el día;
pájaros que no pueden volar;
perros que no pueden correr; porque es un pintor.
Puede pintar rojo donde ve azul.
Un escultor puede colocar ruedas cuadradas a un cañón
para expresar la futilidad de la guerra.

Un arquitecto debe usar ruedas redondas,
y debe hacer sus puertas más grandes que las personas.
Pero los arquitectos deben aprender que tienen otros derechos...
sus propios derechos.
Aprender esto, comprenderlo,
es dar al hombre las herramientas para hacer lo increíble,
lo que la naturaleza no es capaz de hacer.
Las herramientas tienen una validez psicológica,
y no simplemente física,
porque el hombre, a diferencia de la naturaleza,
tiene capacidad de elección.

El tercer aspecto que se debe aprender es
que la arquitectura en realidad no existe.
Sólo existe la obra de arquitectura.
La arquitectura existe en la mente.
Un hombre que realiza una obra arquitectónica
Lo hace como una ofrenda al espíritu de la arquitectura...
al espíritu que no conoce estilos,
no conoce ni técnicas, ni métodos.
Que tan sólo espera aquello que se muestra a sí mismo.
Hay arquitectura, y es la materialización
de lo inconmensurable.
¿Se puede medir el Partenón?
No. Sería un asesinato.
¿Puedes medir el Panteón, ese edificio maravilloso
que colma las instituciones del hombre?

Cuando Adriano pensó en el Panteón,
quería un lugar al que cualquiera pudiera ir a rezar.
Qué maravillosa es esta solución.
Es un edificio sin dirección,
no es siquiera un cuadrado, que daría, de alguna manera,
direcciones y puntos a sus esquinas.
No hubo ocasión de decir
aquí va un altar, o allá. No.
La luz desde arriba es tal que no puedes acercarte a ella.
No puedes quedarte de pie bajo ella;
casi te corta como un cuchillo...,
y quieres alejarte de ella.

Que solución arquitectónica más admirable.
Debería ser una fuente de inspiración
para todos los arquitectos,
un edificio así,
concebido así.

Louis I. Kahn. Conversaciones con estudiantes

[TACET]

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Esta pequeña sección tiene su origen en un foro de Todo Arquitectura. Como la mayoría de los enlaces han desaparecido aprovecho este blog para recopilar y ampliar las imágenes.

Loos decía: “Sólo hay una pequeña parte de la arquitectura que pertenezca al arte: el monumento funerario y el monumento conmemorativo. Todo lo demás, lo que sirve para un fin, debe quedar excluido del reino del arte.”

Foto: “Humanidad” del escultor José Bueno, Cementerio de Zaragoza.